Silicon Valley: la bonanza en el «valle de oro»

Silicon Valley prospera mientras otras zonas
de California tienen un 20% de desempleo.

Imagínense vivir en un lugar donde una simple caminata por el centro de la
ciudad puede dar por resultado una alianza con uno de los gigantes de la
industria tecnológica, una promesa de inyección de dinero y un trabajo con
sueldo de seis cifras y extras como transporte, comidas y hasta corte de pelo
gratuitos. Bienvenidos al Silicon Valley, la capital tecnológica de California
y Estados Unidos.

Así como Los Ángeles es la meca del cine y Nueva York el corazón
de las finanzas, el Valle –a secas, como lo llaman sus habitantes- es la tierra
dorada de las oportunidades que internet trajo a la economía.

La región californiana, ubicada entre las ciudades de San José y San Francisco,
tiene la mayor concentración de empresas de tecnología del territorio
estadounidense y vivió un ‘boom’ a finales del siglo XX con el negocio puntocom
y otros emprendimientos de software. Ahora, mientras el resto de EE.UU. batalla
contra los efectos de largo plazo de la crisis financiera, Silicon Valley (en
español, Valle del Silicio) sostiene su bonanza económica.

Larry Chiang, padre fundador de la recién nacida empresa Duck9, mide el
bienestar de la industria con su «índice de caminata»

«Cuando las cosas están bien, no puedes ir a Starbucks sin tener a tres
personas ofreciéndote US$50.000 para hacer un trato que genere muy rápidamente
diez veces ese dinero. Yo camino cinco cuadras entre mi casa y la oficina y
puede tomarme una hora», dice Chiang a BBC Mundo, desde su despacho en
Palo Alto.

Aunque la actividad detuvo su ritmo con la recesión de 2008, los economistas
miran con envidia la capacidad de recuperación del Valle. Aquí crece nuevamente
el empleo aunque otras zonas de California tengan índices de desocupación del
20% y la inversión de riesgo (venture capital) ha aumentado un 53% respecto a
2010, hasta alcanzar un total de US$2.300 millones en la primera mitad del año.

Hay más: un número récord de nuevas compañías o start-ups que intentan sacar su
tajada y más empresas que consiguen su ansiado IPO (primera oferta de acciones
al público), 22 en el segundo trimestre del año comparadas con sólo seis en
todo 2008.

Como ejemplo, basta el de Twitter: la popular red social lanzó una ronda de
financiación y recaudó US$200 millones de distintos inversores, para una
compañía valuada en US$3.500 millones en 2010. Hoy, su valor estimado es de al
menos US$8.000 millones. «Las empresas relacionadas con internet están en
ebullición como si fuera 1999 otra vez y se quejan porque no consiguen personal
calificado. Como consecuencia, hay guerras alocadas por tratar de robarse
empleados», explica a BBC Mundo Chris O’Brien, periodista de tecnología
del diario local Mercury Times.

En millones
La oleada innovadora ha disparado la especulación financiera, alimentada por
quienes apuestan a nuevas compañías y les entregan su dinero a la espera de que
inversiones de unas decenas de miles de dólares generen millones a una
velocidad impensable para otras industrias. Cada tres meses, Adeo Ressi pone en
escena su «Founder Showcase», una reunión en la que los empresarios
puntocom en potencia intentan seducir a los inversores que pueden hacer
realidad sus sueños.

«Para algunos es la primera oportunidad de mostrarse y buscar fondos
disponibles, que son muchos pero no hay para todos: hace falta una idea
sobresaliente, esfuerzo y voluntad de competir, porque cada vez hay más
emprendedores a la caza de dinero», relata Rossi, quien también ofrece un
programa de asesoramiento para foguear a los recién llegados.

La danza de millones alimenta un círculo virtuoso: muchos de los que ganan buen
dinero se convierten en «inversores ángeles» de otras compañías que
necesitan su propia inyección de recursos. Al mismo tiempo, gigantes de la
industria como Microsoft o Google compran start-ups pequeños para sumar a su
cartera de negocio. Así, jóvenes emprendedores que tuvieron una buena idea hace
algunos años (incluso meses) se convierten en millonarios de la noche a la
mañana.

Sid Viswanathan tiene 27 años y una aplicación para procesar tarjetas
personales llamada CardMunch. Cuando la empresa LinkedIn decidió comprársela,
en enero pasado, él accedió por primera vez a la casa propia, porque por el
momento no imagina un futuro lejos del Valle. «Es un lugar como no hay
otro en el mundo, con gusto por cambiar el mundo. Si eso nos da dinero,
bienvenido», dice Viswanathan a este medio.

Efecto inmobiliario
Y comprarse una casa en el Valle es cosa seria: la burbuja tecnológica ha
disparado los precios hasta convertir a la región en el segundo mercado más
caro de Estados Unidos, después de Nueva York. Los expertos revelan un
incremento del 35% en los alquileres comerciales, además del 50% en hogares
particulares. «El boom está impulsado por las empresas de tecnología, en
particular por aquellas que trabajan en aplicaciones móviles, redes sociales y
servicios de nube», detalla Colin Yasukochi, de la inmobiliaria Jones Lang
Lasalle.

Todos esperan, por caso, el momento en que Facebook tenga su IPO: los rumores
indican que será el año próximo y podría poner mucho dinero en movimiento en el
valle a partir de la venta de acciones.
¿El resultado? Los precios podrían elevarse aún más en este selecto rincón
donde el costo promedio de una casa es de US$1,2 millón.

¿Burbuja?
Pero, ¿cómo puede el Silicon Valley prosperar si el resto de la economía del
país no logra dejar atrás la crisis?

Los locales tienen sus propias ideas para explicar el fenómeno. «Una de
las razones por las que el Silicon Valley no depende del ciclo de la economía
es que no atesora la idea de ganancia como el motor del negocio. El gran
ejemplo es Twitter, que revolucionó la industria pero no nació bajo un modelo
que generara dividendos», apunta Chiang. «Por más que haya crisis en
el mundo, hay una demanda por innovación y acá es donde se está
generando», apunta Diego May, un argentino recién llegado con su empresa
Junar.com al hombro.

La euforia del momento trae, sin embargo, un recuerdo amargo para muchos
habitantes del Valle: el del estallido de la burbuja, hace justo una década,
cuando una camada de empresas de Internet se desmoronó casi a la misma
velocidad a la que había logrado crecer unos años antes.

Algunos pronostican que el ciclo expansivo terminará en 2013, aunque ese final
podría ser menos traumático: la burbuja 2011, dicen los observadores, viene
acompañada de buenas dosis de cautela y mesura que no se vieron en la bonanza
anterior. «Los montos que se invierten hoy están lejos de los del furor de
2000. Donde antes se conseguían US$20 o 30 millones, ahora te dan US$200.000 o
300.000», señala a BBC Mundo Scott Sweet, asesor de emprendimientos en la
consultora IPO Boutique. «Es cierto que hay una burbuja con mucho dinero
en oferta. Pero, ¿es malo? No sé, yo creo que de esto van a salir muchas cosas
buenas aunque muchas otras empresas mueran relativamente pronto», opina
May.

De algo están seguros, escépticos y optimistas por igual: Internet avanza sin
pausa y el negocio de la red seguirá necesitando buenas ideas. Por el momento,
no hay crisis que pueda con ello, ni con el Silicon Valley.

Deja una respuesta