¿Qué necesitan los negocios?

Varias de las patologías que observamos en el ámbito de los
negocios pueden explicarse como rupturas desafortunadas con las necesidades de
las personas y el desconocimiento con los sistemas ecológicos que nos rodean.

Para obtener e incrementar legitimidad, los negocios deberían adoptar
perspectivas más humanistas, aunque quizás valores y actitudes menos
antropocéntricas. En otras palabras, buscar reconexiones con la naturaleza, y
dosis sustanciales de humildad y humor.

El logro de prácticas productivas y comerciales más sustentables,
organizaciones más saludables, e individuos más felices; ineluctablemente nos
obliga a reinterpretar nuestra relación con la tierra y a rememorar nuestras
vulnerabilidades. Para ello, y para posibilitar el desarrollo de más loables
aspiraciones éticas, invitamos a fomentar el humor y la humildad en las
dinámicas, ideas y acciones de nuestras clases empresariales y productivas.

La palabra “humano” viene del latin homo, que a su vez se deriva de humus, cuya
raíz indo-europea °ghotem
significa tierra/suelo/terreno. Curiosamente, humus, también es la raíz de
humilis, o humildad. Lo cual de cierta forma implica que los humanos debemos,
humildemente, tomar conciencia de nuestra inherente conexión con las realidades
terrestres.

La etimología nos invita a pensar en la importancia de la humildad para
asegurar la supervivencia de la especie humana. Por ejemplo, podríamos
preguntarnos ¿qué sería de la humanidad sin la humildad? El orgullo y la
imprudencia temeraria emergerían como algunos de los riesgos; pues igual que
Ícaro, a menudo nos desconectamos de la tierra, despreciamos las advertencias,
e insistimos en volar con frágiles alas hacia esferas peligrosas.

En general, la humildad favorece el diagnostico agudo, más críticos y preciso
de las limitaciones y potenciales humanas; y cuando lo aplicamos a los
negocios, favorece la reflexión crítica y ahuyenta la autocomplacencia.
Contraria a cualquier forma de servilismo, la humildad libera de las ilusiones
alienantes que acompañan la percepción de omnipotencia de ciertos actores y
manifestaciones económicas.

El vínculo simbiótico entre los humanos y la naturaleza refuerza la
reivindicación por una humildad emancipadora, capaz de generar interpretaciones
más realistas de lo que es posible y plausible; en oposición a la acrítica
adopción de dinámicas inerciales de prácticas de negocios desprevenidas, que
engendran arrogancia y externalidades negativas hacia múltiples stakeholders de
las actividades económicas.

Humedeciendo el terreno

La humildad permite cierta forma de sabiduría amplia, pues reconecta la
humanidad con la naturaleza, a la vez que despierta la dimensión de servicio de
la administración (que no olvidemos viene del latín administrare, que significa
servir), y humaniza sus demás actividades relacionadas; todo esto mientras que
ayuda a evitar las estrechas perspectivas antropocéntricas tan nefastas para la
sustentabilidad de la economía en el largo plazo.

Así pues, la humildad se constituye en un poderoso antídoto contra los abusos
sin restricción, y los excesos potenciales del mundo de los negocios. Sin
embargo, en este mundo, rara vez es percibida como virtud. ¿Cómo defenderla
entonces? ¿Cómo cultivar la humildad?

Al explorar la relación entre humus, humanidad y humildad, descubrimos que el
humor, surge como un refrescante fertilizante para promover el equilibrio y la
armonía.

La humanidad a través
del humor


El humor evoca la capacidad exclusive del hombre de darle sentido a múltiples
realidades, mediante las asociaciones inéditas y la creatividad sin límites,
incluyendo la interpelación al absurdo. Cuando están de buen humor, las
personas expresan la alegría desnuda y una espontaneidad que permite
aspiraciones más realistas, investidas de una mayor lucidez acerca de la
finitud humana. Diciéndolo de otra forma: el humor nos ‘aterriza’, nos permite
manifestar más humildad, nos hace más humanos.

Cuando nos percatamos que el mundo de los negocios está plagado de múltiples
incongruencias y consecuencias que lamentar; el humor emerge como un poderoso
catalizador.

Derivado del latín humere, (humedad); el humor representa la dosis requerida de
locura que nos libera de la falsa conciencia, y cual Erasmo de Rotterdam, nos
abre el camino a formas de sabiduría auténtica. El humor humedece y refresca
las percepciones, sentimientos, sentimientos y sensaciones de las personas; y
nos acerca a estados de genialidad imprescindibles para concebir mejores formas
de vivir.

El humor humedece el humus, y así acerca los humanos a la humildad y a la
tierra. Si las alas de Ícaro no hubiesen perdido su humedad, si él no hubiese
perdido su humildad, volando obstinadamente hacia el sol, y cada vez más lejos
del suelo, no hubiese perecido en su mortal caída.

Si el humus es orgánico y variable, un resultado de la descomposición de los
organismos vivos, ¿no deberíamos familiarizarnos con todas las diversas formas
de vida, aprender de ellas y, humildemente percatarnos que compartimos los
mismos ciclos de declive y regeneración?

El mundo de los negocios será más sabio cuando sea permeado y humedecido por
valores humanos, humildemente fundados en nuestra condición terrestre y finita.
Manteniendo contacto con el humus, será más fácil asumir la seria, rigurosa e
ineludible tarea de humorísticamente criticar los absurdos y consecuencias
negativas, para facilitar el cultivo de prácticas de negocios más sustentables
y benévolas.

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