Lo que no entiendo de las fiestas empresariales

Fiesta laboral

¿A quién se le ocurrió que era buena idea
mezclar licor con trabajo?


No sé qué hago en el empleo que tengo ahora, mucho menos entiendo por qué la
compañía para la que trabajo planea hacer una fiesta de fin de año. Ya empezaron
a mandar correos comunales anunciándola, lo que me hizo recordar por todo lo que
he pasado y las cosas que no comprendo de dicho evento.

Las fiestas de fin de año no deberían existir, punto. ¿A quién se le ocurrió
que era buena idea mezclar licor con trabajo? Sus compañeros de oficina no son
sus amigos. Amigos son los que hizo en el colegio, en la universidad, en el
barrio. A la oficina vamos a ganarnos la vida y a enriquecer al dueño. Esa es la
idea del concepto.

Pasa que los empleados que no están contentos ven esta fecha como una forma
de revancha y creen que la mejor forma de compensar su mal sueldo es consumir
todo en exceso. Comen doble ración de almuerzo y se la pasan detrás de los
meseros para tomarse toda la gaseosa y la cerveza que puedan. En las fiestas que
son con vales y todo está regulado, ve uno a varios perder la dignidad tratando
de hacer toda clase de piruetas para repetir.

Un ejemplo de que no es bueno mezclar alcohol con relaciones laborales: si va
a una fiesta empresarial, usted se expone a que llegue alguien a recriminarlo
por algo, porque, como dice un humorista, los borrachos lo cogen a uno para
decirle cuánto lo quieren o cuánto lo odian. Si el que llega a conversarle es un
subalterno, le toca aguantárselo con la mayor paciencia. Si lo alaba ya puede
calificarlo como ‘sobachaqueta’; si se acerca para echarle vainazos, ya vera
usted qué excusa se inventa para echarlo.

Pero, ¿y si es su jefe el que llega a hablarle? ¿Cómo capotea usted a ese
toro? Sea cuidadoso, tenga doble ración de paciencia así como se comió la doble
ración de almuerzo. Vea que no es cierto que el mundo se va a acabar este año
como nos vienen diciendo desde hace meses. Haga todo lo posible por no comenzar
el 2013 desempleado.

Peor que mezclar trabajo y alcohol es sumarle lujuria al asunto. Cuando uno
toma más de la cuenta termina cayéndole a la compañera de oficina que siempre le
ha gustado; o a la primera que se le cruce, simple y llanamente. Pasa en estos
agasajos que la que nunca nos había llamado la atención nos parece atractiva
después del tercer trago, «porque la cara no es gran cosa, pero tiene buenas
piernas».

Las actividades que organizan para amenizar la fiesta terminan siendo
deprimentes: unos mariachis, un conjunto vallenato, una comparsa de baile, un
acto de magia, un show de stand up comedy que termina siendo
un maratón de cuentachistes lleno de historias de oficinistas que hacen las
delicias de los asistentes porque se ven reflejados en ellos. Yo me he querido
morir cuando he ido a fiestas empresariales con animadores y concursos entre
departamentos, diga usted, Contabilidad vs Call Center en ‘póngale la cola al
burro’.

No sé usted, pero yo no estoy mentalmente preparado para ver al jefe de
cualquier departamento en jean, prendido y feliz, cuando todo el año me ha
tocado verlo en corbata y con cara de rabo.

¿Por qué las fiestas empresariales las hacen de día y entre semana? Uno no
está para quedar borracho un martes a las 3 de la tarde. ¿Qué les cuesta
hacerlas como una fiesta normal? Sábado, 10 de la noche.

La fiesta de fin de año de la compañía puede causar pánico también. Cuando el
evento se ha celebrado durante años en un restaurante campestre y de repente se
anuncia que este año se hará en la oficina, el pánico empieza a cabalgar por los
pasillos. La gente asume que la empresa no va bien y que pronto empezarán a
sacar gente. A veces es cierto: a mí me echaron de un trabajo tres días después
de la fiesta de la compañía.

Por eso, el día de la fiesta de la empresa aprovecho para hacer lo que no
puedo el resto del año: irme al mediodía, almorzar en la casa y echarme una
siesta. Al día siguiente, cuando todos están enguayabados y arrepentidos, voy a
trabajar como si nada.

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