Suplantacion de identidad en Internet

 

«Recibí llamadas de extraños por unos ocho meses. Todos decían que me habían
visto, que sabían quién era yo, qué hacía y dónde vivía. Todos, los que para mí
eran desconocidos, supuestamente me habían contactado a través de un chat, por
el que veníamos hablando.

Pero las cosas se salieron de control cuando
un hombre llegó hasta mi conjunto residencial, ubicado en el noroccidente de la
ciudad, buscándome para concluir la cita que, según él, habíamos
planeado.

Estaba asustada, me daba miedo salir de mi apartamento; temía
que alguien me esperara. En todo momento y lugar pensaba que me estaban
espiando.

Entre los hombres que me contactaron hubo uno que me ayudó. Le
expliqué la situación por la que estaba pasando y él siguió hablando con el
suplantador, quien siempre era cariñoso, coqueto y sostenía conversaciones
calientes con los hombres que contactaba.

Finalmente les conté a mis
papás lo que estaba pasando. Ellos me ayudaron, me apoyaron y me llevaron a la
Policía.

Cuando llegué a presentar mi denuncia, 17 mujeres más estaban
frente a las autoridades por las mismas razones que yo tenía. Incluso, uno de
los casos que escuché allí fue el de una mujer a la que también la llamaban
extraños y la invitaban a salir. Ella, contrario a mí, accedió, y unos días más
tarde la encontraron asfixiada en un parque.

Las autoridades comenzaron
a hacerme preguntas, entre ellas si tenía enemigos, personas que quisieran
hacerme daño o exnovios que, tal vez, quisieran vengarse de mí. Me explicaron,
además, que esta modalidad hace parte de los llamados delitos
informáticos.

La Policía sugería que las razones por las que podrían
haberme suplantado habrían estado relacionadas con celos, venganzas y envidias
incluso de personas cercanas a mí.

Para castigar al farsante, tenía
que escoger una de las dos opciones que me daba la Policía: pago de dinero o
sanción penal. Yo no quise dinero; preferí irme por el camino de la paz, la
tranquilidad y la moral; de ser encontrado, todo el peso de la ley recaería
sobre él.

Nunca supe por qué lo hizo ni quién fue el responsable, pues
mi caso aún está abierto.»


Así delinquen en la Web

Aquellos delitos que se cometen a través de la Web son conocidos como delitos
informáticos. De acuerdo con la Policía, son seis tipos: claves programáticas
espías, estafas a través de subastas en línea, divulgación indebida de
contenidos, pornografía infantil en Internet, violación a los derechos de autor
y piratería en Internet.

La divulgación indebida de contenidos, por
ejemplo, «son conductas originadas en el anonimato ofrecido en la red (…);
entre ellas se encuentran el envió de correos electrónicos anónimos, con fines
injuriosos o calumnias, amenazas y extorsiones», explica la
Policía.

Aunque no todos los casos ocurren bajo la misma modalidad, las
autoridades recomiendan a los usuarios de la web asignar una clave en la que se
usen palabras donde se mezclen números, letras y símbolos
diferentes.

Así mismo, lo ideal es que no se abran correos que contenga
información dudosa o con mensajes alusivos a noticias de impacto. Pueden ser
usados para robar contraseñas o lanzar virus.

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