Emprendedores deben esforzarse para llegar a empresarios

 
Uno de los cambios más significativos que vemos en la formación universitaria, es la tendencia cada vez mayor a despertar en los profesionales el espíritu emprendedor, para que a diferencia de otras generaciones, los alumnos avancen en sus carreras buscando siempre la manera de crear sus propios negocios, ser sus propios jefes y convertirse en generadores de empleo.
 
Llamamos emprendedor a aquel individuo que es capaz de identificar una oportunidad de negocio, al que descubre necesidades insatisfechas que podrían ser fuente de nuevos proyectos económicos, al que tiene una idea que madura día a día en su mente y que no descansa hasta hacerla realidad, al que es pionero y abre nuevos caminos en medio de la creciente competencia.

Pero no basta con tener una excelente idea; llevarla a la práctica y ponerla a producir, es consolidar el sueño emprendedor. Pero no siempre se dan en una misma persona la capacidad de identificar una oportunidad de negocio y la de llevarla a la realidad. Hay personas inmensamente creativas que carecen de habilidades prácticas y que fracasan en cualquier intento empresarial, mientras que otros, menos creativos, pueden ser excelentes organizadores.

El punto es que no basta con fomentar el pensamiento emprendedor y brindar la asesoría que requiere el naciente empresario; también es muy importante que quienes tienen las ideas, consideren la posibilidad de trabajar con otros compañeros o socios estratégicos, que le aporten experiencia, habilidades gerenciales y el capital necesario, para trasformar la idea en un negocio rentable y poder dar así el paso para trasformar al emprendedor en un verdadero empresario.

Muchos empresarios exitosos, piensan que no es conveniente pasar directamente de las aulas universitarias a la creación de un negocio; consideran que es muy importante contar primeros con alguna experiencias laboral, que les permita conocer en profundidad cómo funciona una empresa, cuál es el manejo que se hace en cada una de sus áreas, cuáles son los requerimientos legales, contables y de impuestos, para que cuando se inicie el negocio, todo se haga correcta y legalmente.

Así como algunos emprendedores consiguen el éxito empresarial desde que están estudiando o desde el momento en que terminar sus estudios, otros son menos arriesgados y prefieren la seguridad que brinda un cargo bien remunerado, por lo que pueden tardar años en desarrollo de su idea. A veces se requiere un duro revés laboral o que se presente una complicada crisis, para que el espíritu emprendedor resurja como única alternativa económica viable en ese momento.

Muchos solo retoman su idea de negocio cuando empiezan a ver estancado su desarrollo dentro de una organización o cuando las necesidades de ingresos aumentan y el cargo no puede proporcionarlos. La experiencia adquirida, las relaciones cultivadas y el acceso al crédito, son una base muy importante para dar el paso hacia la independencia, e iniciar un negocio propio.

Una excelente alternativa, consiste en volverse proveedor de bienes o servicios que requiere la empresa donde se labora; muchos consiguen establecer una compañía a la que el antiguo patrón le contrata el manejo contable, la nómina o los servicios de mantenimiento locativos. Contar con ese apoyo para iniciar un negocio propio y con un contrato inicial que sirva de base para iniciar un nuevo negocio, es realmente un punto de partida, con éxito asegurado.

Los beneficios de una cultura emprendedora

El desarrollo de un país, está muy relacionado con la cantidad de individuos emprendedores que produzca su suelo. De ahí la importancia de trabajar muy seriamente en el desarrollo de las habilidades de emprendimiento de las nuevas generaciones y en el apoyo de las iniciativas de los futuros empresarios. La creación de nuevas empresas y unidades de negocio, es la semilla de muchos de los nuevos empleos que requiere toda nación.

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