Desintoxicación digital para los dependientes de la tecnología

 

Adicción tecnológica.
La consecuencia natural de la dependencia tecnológica es estar ausente del presente.
                

Entérese qué es ser dependiente de la tecnología y cómo combatir esta adicción.

Es una verdad evidente: el mundo está hiperconectado. Hasta en el Monte Fuji, el punto más alto de Japón, a 3.776 metros sobre el nivel del mar, dos operadoras, Softbank y NTT Docomo, ofrecen servicios de conexión a Internet de alta velocidad.
 
Las tecnologías hacen parte de la vida diaria y así como aumenta el número de usuarios, también se incrementan las posibilidades de permanecer conectados y estar disponibles. En Colombia, por ejemplo, hay más líneas de números celulares que habitantes: 51’805.523 de ellas frente a 47 millones de personas. La cantidad de suscriptores a Internet fijo y móvil va en aumento: para el primer trimestre de este año, el Ministerio de Tecnología y Comunicaciones hablaba de 7’532.594. Además, 54 por ciento de los colombianos que usan Internet lo hacen todos los días, y pasan en promedio 2,6 horas diarias navegando.
 
En algunos casos, sobre todo para los más fervientes seguidores de las innovaciones tecnológicas, la disponibilidad de conexiones trae un problema de dependencia. Según Rémy Oudghiri (quien habló con CARRUSEL desde Francia), director del Instituto Francés de Encuestas (Ipsos) y autor de Déconnectez-vous!, un libro sobre la dependencia electrónica, “los dispositivos como teléfonos inteligentes o tabletas habilitan a las personas para que permanezcan conectadas todo el tiempo y en todo lugar. Hay una clara dependencia que está siendo documentada por muchas encuestas e investigaciones”.
 
Una de estas investigaciones fue realizada en el 2011 por la Universidad de Maryland. Los científicos seleccionaron a mil jóvenes de todo el mundo, entre los 17 y 23 años de edad, y les pidieron permanecer desconectados de todos los dispositivos durante 24 horas (sin Internet, llamadas por celular, Twitter ni Facebook). Luego tenían que describir su experiencia en 300 palabras. Susan Moeller, la directora del estudio, aseguró que “el 79 por ciento de los alumnos no fue capaz de estar un día desenchufado y la mayoría reportó reacciones adversas, desde angustia hasta confusión y aislamiento”. En términos generales, la investigación mostró que la mayoría de los jóvenes que permanecen alejados de las tecnologías sienten depresión, tristeza y soledad.
 
Otro estudio realizado con universitarios de Estados Unidos por las compañías CourseSmart y Wakefield Research reveló una cifra muy diciente: el 38 por ciento de los encuestados aseguró que no podía pasar más de 10 minutos sin revisar su computador, teléfono inteligente, tableta o cualquier dispositivo digital. Y esto se vincula con lo encontrado por el instituto Ipsos en Francia en su más reciente encuesta: cerca de un tercio de los franceses sienten la necesidad de conectarse todo el tiempo.
 
La consecuencia natural de la dependencia tecnológica es estar ausente del presente. Oudghiri explica: “Depender de las tecnologías es ser incapaz de vivir el momento presente. Por ejemplo, es lo que pasa en los restaurantes: muchas personas están revisando sus correos o mensajes de redes sociales. No están juntas. No viven el presente”.
 
Pero también, en algunos casos, indica Oudghiri, “la adicción puede ‘quemar’ a los usuarios. Cuando las personas han usado intensa y fuertemente tecnologías, redes, etc., suelen sentirse bajo presión y tienen dificultades para seguir todos los mensajes. Un día, tienen una ruptura mental”.
 
Esto fue exactamente lo que le ocurrió a Paul Miller, un periodista y escritor experto en tecnología que a principios del 2012 se desconectó de Internet, luego de sentirse abrumado y quemado por la tecnología. Al final de su experiencia, describió cómo su vida offline le obligaba a buscar información en la realidad, no a través de un computador. (Toda su vivencia está en www.theverge.com).
 
Cómo no caer en adicción
Un reportaje del diario francés Le Monde, publicado el año pasado, mostraba la tendencia en aumento de los trabajadores de Silicon Valley –la ‘meca’ de los desarrolladores de las empresas más grandes de tecnología–, a enviar a sus hijos a colegios en los que no se usen computadores ni tabletas, sino cuadernos, tableros y lápices. El diario pronosticaba que esto se convertirá en una tendencia de clases acomodadas.
 
Pero ellos no son los únicos conocedores de las tecnologías que saben la importancia de la desconexión. En esta misma línea está Richard Stallman, el creador de la Fundación para el Software Libre, la enciclopedia libre GNUpedia (un antecedente de Wikipedia) y del concepto de copyleft (la posibilidad de distribuir libremente las copias y versiones modificadas de una obra de autor, exigiendo que permanezcan los derechos), quien ha dicho que la mayor parte de su tiempo no tiene conexión a Internet y no usa celular.
 
Durante el año en que Paul Miller estuvo desconectado tuvo que vivir algunas cosas sin intermediación electrónica (algo nuevo para él), como comprar mapas y conocer la ciudad a través de ellos, llamar directamente a una aerolínea e ir a recoger sus tiquetes. Dice que “se sintió libre”. Pero también, “se sintió fuera de sincronía con el flujo de la vida”, pues no podía hablar muy a menudo con sus padres para decirles que estaba sano y vivo.
 
La conclusión que podría apresurarse es que la clave para no caer en la dependencia está en el equilibrio. Rémy Oudghiri dice: “Esta es la paradoja de nuestros tiempos: nos comunicamos muchísimo electrónicamente, pero cada vez menos físicamente. Necesitamos encontrar el perfecto equilibrio. Lo más importante es encontrar un balance entre la vida real y la digital, pero algunas veces olvidamos vivir nuestra vida real, nos olvidamos de hablar con quienes están cerca de nosotros”.
 
Desintoxicaciones para dependientes extremos
Algunos sitios se han dedicado a ‘rehabilitar’ a los dependientes de la tecnología y ofrecen planes para desconectarse.
 
Uno es la fundación reSTART, que desarrolló el primer programa de recuperación de los adictos a Internet, que incluye retiros y aislamiento de las tecnologías. Tal como un centro de tratamiento de la adicción a las drogas.
 
Por otro lado, el hotel Westin de Dublín (Irlanda) ofrece a sus huéspedes el paquete de desintoxicación digital, que incluye un mapa para caminar por la ciudad, un periódico local, desayuno en la habitación, masaje, un juego de mesa y un kit para plantar un árbol (este pueden llevarlo a su lugar de origen). Todo por 175 euros la noche.
 
Otra curiosa oferta es la que hace la empresa Digital Detox, una firma que organiza retiros sin tecnología en lugares aislados de Estados Unidos, y promueve actividades como cocinar, hacer yoga, meditar, escalar o crear obras artísticas.
 
También la publicación www.fastcompany.com, dedicada a temas tecnológicos, tiene una sección llamada Unplugged o Desconectado, en donde muestra cómo navegar el mundo sin Internet. Puede imprimirse.

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