Charla con la cara más humana de Intel

Charla con la cara más humana de Intel
La antropóloga Genevieve Bell aparece con regularidad en publicaciones como ‘Wired’, ‘Forbes’ y ‘The Wall Street Journal’.

Genevieve Bell indaga nuestro comportamiento para determinar cómo se convive con la tecnología.

Hace 15 años, en Palo Alto (California), Genevieve Bell conoció en un bar a un hombre que, después de preguntarle qué hacía, le ofreció a esa antropóloga trabajar en Intel. La actual directora de Investigación en interacción y experiencia de esa firma recuerda esa anécdota como un hecho que cambió su vida.
 
Hoy es la cabeza de un grupo de investigadores que viaja por el mundo para conocer culturas y hallar la forma de vincularlas con la era de Internet y de las aplicaciones. En el 2010, Bell fue incluida entre las 100 personas más creativas en los negocios por la revista Fast Company.
 
Usted habló de reinventar la forma de experimentar los sistemas ¿Qué quiso decir?
Cuando entré a Intel, me pidieron que me focalizara en las mujeres y en algo que ellos llaman el resto del mundo; es decir, todo excepto Estados Unidos. Hasta el momento mucha de la tecnología que tenemos está dirigida por la interacción; es decir, tienes que apretar un botón para que algo suceda. Yo estaba muy interesada en estudiar un mundo en el que tenemos relaciones con la tecnología, no interacciones. Lo cual quiere decir que esta tiene que ser más inteligente, más productiva (…).
 
¿Cree que la tecnología nos está acercando más?
La tecnología está haciendo un par de cosas bien. De partida, nos conecta con las personas que queremos, y eso ha sido algo exitoso.
 
¿Pero no cree que estamos teniendo menos contacto?
Una de las cosas que caracterizan a los seres humanos es que, para bien o para mal, somos más felices cuando estamos con otros humanos. Probablemente una de las razones por las que nos gustan todos estos aparatos nuevos es porque nos conectan con otras personas (…). Pero sí, el cuerpo siempre importa. La gente sigue juntándose, los niños siguen subiéndose a las rodillas de sus padres…
 
¿Y el factor etario?
Es muy tentador pensar que en el grupo menor de 20 años es donde está pasando de todo en computación. Pero sabemos, por ejemplo, del rápido crecimiento que han tenido las redes sociales, donde hay personas de 50, 60 y hasta 70 años. Lo mismo ocurre con los sitios en línea para encontrar parejas, lo cual es fascinante. La tecnología se está metiendo cada vez más en las casas de las personas y eso está afectando la curva de edad.
 
Si hay dos personas ante un iPad, una de 50 y otra de 10 años, el último hace más cosas, tiene más control…
Eso no es sorprendente. Cuando uno tiene 30 años ya no es tan multitask (multitarea) como antes, porque ya no tiene todo el tiempo del mundo (…). Es difícil decir que lo que los niños están haciendo a los 10 años va a permanecer con ellos toda su vida. Ellos se ven expuestos a la tecnología de diferentes maneras. Pero su relación con el mundo evoluciona.
 
El primer iPhone fue una sensación. Hoy es una pieza de museo. ¿Qué piensa de la obsolescencia tecnológica?
Creo que estamos en un periodo de florecimiento. Esto es algo que ocurre periódicamente. Hay etapas de mucha estabilidad, en que las cosas están muy calmadas y, de repente, ocurren muchas cosas a la vez. En los comienzos de la industria automotriz todo iba muy lento, los autos eran muy caros y los modelos no cambiaban mucho. De repente, Henry Ford saca su modelo Ford T y se produce un florecimiento increíble, con diferentes modelos a distintos precios. Creo que estamos en ese mismo momento en la industria tecnológica. ¿Obsolescencia? Sí, pero esa es la historia de la tecnología.
 
Edward Snowden abrió un debate por el programa de vigilancia de Estados Unidos. ¿Cree que el Gran Hermano está más fuerte que nunca?
Siempre me he preguntado por qué es el Gran Hermano y no la Gran Hermana o la Gran Madre. Después de todo, la madre siempre nos está vigilando –dice en broma–. Creo que una de las actividades más incesantes de la sociedad humana es que pasamos mucho tiempo viéndonos a nosotros mismos. Es una forma de vigilancia social, para asegurarnos de que la gente haga lo correcto, y una de las formas que tenemos de arreglar eso es mediante el chisme. La sociedad siempre está mirando y juzgando para establecer límites. Las naciones hacen lo mismo pero a nivel mucho más grande. La noción de vigilancia es apenas nueva. Creo que sería difícil imaginar vivir en un país donde nadie te mirara.
 
Explosión de datos
Los seres humanos crean 2,5 quintillones de ‘bytes’ de datos al día. Es lo que en computación se llama Big Data, y comprende todo lo que los usuarios hacen en multimedia, descargas de música, documentos, libros, uso de GPS, actividad en redes sociales…
 
En Intel creen que esta información puede ayudar a solucionar la vida de las personas, por lo que han diseñado plataformas como Parkatmyhouse, que permite encontrar un sitio para parquear sin tener que dar vueltas; o Saga, una aplicación que integra Facebook, Twitter, Instagram, BodyMedia, FitBit, RunKeeper, TripIt y Foursquare para monitorear y registrar todos los movimientos del usuario.

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