‘Delito’, el archivista sin brazos de Paloquemao

                           

Delio Ricardo Amaya Rivera
Delio, en su puesto de trabajo del Centro de Servicios de Paloquemao.

Su nombre es Delio Amaya y, pese a su discapacidad, clasifica expedientes y redacta telegramas.

Le dicen ‘Delito’ en el territorio donde juzgan a los asesinos. En la tierra de las sentencias.
Ahí, en el viejo edificio del Circuito Judicial de Paloquemao, en el occidente bogotano, Delio Ricardo Amaya Rivera comienza una jornada más de un trabajo en el que completa 12 años: ser escribiente, ser secretario, hombre al frente de archivar expedientes, de clasificar las remisiones de las cárceles, de hacer esos telegramas que dicen: “sírvase acercarse a este despacho. Motivo: demanda. Alimentos”.
Todo eso hace ‘Delito’. Y sin brazos. “Sin pinzas”, dice él, como para burlarse de la enfermedad que lo dejó sin manos: la focomelia, malformación genética que ataca al feto en los primeros meses de gestación. Pese a que la vida, como en una pelea de boxeo, lo cogió a trompadas con esa incapacidad, Delio fue entendiendo que lo podía hacer todo. Que la ausencia de sus manos era lo de menos. En la niñez ni siquiera se dio cuenta, sus amigos le ayudaron a que sus discapacidad pasara inadvertida. “Lo duro fue en la adolescencia. Me daba miedo acercármele a las muchachas”, cuenta, desde su despacho del Centro de Servicios de Paloquemao.
Todo a su alrededor está lleno de papeles. Los hay nuevos –recién salidos de dos fotocopiadoras grandes situadas en el fondo de un corredor o amarillentos: procesos del pasado. Muertos con la fecha de nacimiento vencida. En ese ambiente ‘camella’ este bogotano, de 40 años.
Sube a las salas de audiencias, se cruza con los abogados de los casos más sonados y lo saludan como amigo de toda la vida: “Quiubo ‘Delito’, ¿qué hace?”, le dicen. “Entre tinto y tinto me cuentan los detalles de procesos tipo Colmenares o grafitero”, asegura.
No todo fue tan rosa en los tiempos en que su carrera despegaba después de salir bachiller del Colegio Benjamín Herrera. “Las dos primeros jueces con los que trabajé decían que yo no servía para esto, hicieron lo imposible para sacarme. Me quedé a punta de trabajo, yo era lento, pero lo hacía”, relata Delio, quien cursa décimo semestre de Derecho en la Universidad Republicana, donde está becado.
Dice que lo suyo no es el litigio, que prefiere la carrera administrativa, ser juez muy pronto. Como atiende público, está acostumbrado a las miradas escrutadoras y a los compañeros ‘mamadores de gallo’ que hace poco le pusieron otro mote: ‘Manotas’.

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