Internet, una espiral que está acabando con el debate

Estudio dice que socialización en línea alimenta polarización y desdibuja construcción de opinión.

Usuarios dispuestos a discutir en persona temas sensibles lo piensan dos veces para hacer lo mismo en Facebook o en Twitter.
Usuarios dispuestos a discutir en persona temas sensibles lo piensan dos veces para hacer lo mismo en Facebook o en Twitter.

Cuando se piensa en ello, resulta bastante irónico: la internet, y en particular el vasto paisaje de las redes sociales, no son un entorno que promueva la discusión de los temas más sensibles del debate público y, de hecho, llevan a cada vez más personas a evitar siquiera plantearlos.
Así, a grandes rasgos, se resumen los hallazgos de un estudio del Pew Research Center y de la Universidad de Rutgers, la Universidad Estatal de Nueva Jersey (EE. UU.). Los investigadores señalaron en su informe que en la era pre-Internet existía una tendencia de las personas a no hablar sobre temas políticos en público -o incluso entre familiares y amigos- si creían que sus puntos de vista no eran compartidos por la mayoría. A esto se le llama la ‘espiral del silencio’. Añaden que, aunque se creía que redes sociales como Facebook y Twitter creaban entornos de discusión capaces de evitar este fenómeno, las conclusiones del estudio sugieren que, de hecho, es mucho más acentuado en el entorno virtual.

Para probar su tesis, los investigadores entrevistaron a 1.801 usuarios de redes sociales con respecto a sus opiniones acerca del caso de Edward Snowden, un exanalista de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de los Estados Unidos que actualmente se halla en Rusia en virtud de un permiso de residencia para eludir el juicio en su país por cargos que incluyen espionaje tras revelar detalles de programas estatales secretos de vigilancia.
“Hallamos que mientras que el 86 por ciento de los participantes estaban dispuestos a discutir el tema en persona, apenas 42 por ciento se decía listo a hacer lo mismo en su página de Facebook o en su cuenta de Twitter”, reza el estudio.
Aún más, los resultados indican que entre más habitual es su uso de estas redes, menos probabilidad hay de que la persona exprese una opinión distinta a la mayoritaria en el mundo real.
Pero lo verdaderamente preocupante es que el entorno general de internet parece diseñado para acentuar este fenómeno, toda vez que la red está diseñada para que un usuario interactúe con otros que piensan, opinan y consumen igual que él, lo que de plano elimina toda posibilidad de confrontar con posiciones distintas, de terceros, para así construir una opinión balanceada.
Al respecto, en un artículo para The New York Times, la reportera Claire Cain Miller escribió: “La internet, pareciera, contribuye a polarizar a EE. UU., porque la gente se rodea de otra gente que piensa igual y eso lleva a dudar a la hora de decir algo diferente. Las compañías de Internet magnifican el efecto al acomodar sus algoritmos para mostrarnos más contenido de gente que es parecida a nosotros”. Es decir, que piensa y opina igual que cada usuario, alentando la polarización.
Polarización tecnológica
Este último es un fenómeno que ya había sido descrito por Ethan Zuckerman, que en julio de 2010 condujo una conferencia para TED en Oxford, Inglaterra, bajo el título ‘Escuchando voces globales’. En ella, Zuckerman anotaba: “El problema es que luego de un tiempo terminas teniendo la sabiduría de la manada. Terminas en una manada de gente que probablemente sea similar a ti, con intereses similares. Y es muy difícil obtener información de otras manadas, de otras partes del mundo donde la gente se reúne y habla de sus propios intereses. Para hacer esto, en cierto momento, necesitas alguien que te saque de tu manada y te lleve a otra manada. Necesitas un guía”.
A primera vista, es posible hacer una lectura similar en el panorama colombiano. Sin embargo, expertos como Alvaro Lizarralde, coordinador del énfasis de periodismo de la Universidad Santo Tomás, creen que hay matices qué considerar.
“El panorama no es tan radical, porque lo que se palpa son distintas posibilidades, en función de los distintos públicos y grupos de interés. Si se trata de gente a la que le interesan los derechos humanos y el debate político en general, vemos que la tendencia es a estar, en efecto, en contacto con los que piensan de manera semejante, pero también a mantener un monitoreo y, en ocasiones, un intercambio constante con mayor o menor cuota de agresividad, con los sectores opuestos a su pensamiento. Pero cuando se trata de temas como el deporte, o de afinidades por edad o intereses profesionales, el panorama se vuelve más restrictivo”, dijo.
Pero mientras las prácticas tienden a mostrar prudencia o recelo a la hora de opinar, la actitud general del internauta es la de pedir más apertura. Diana Moya, directora de ConsumerLab de Ericsson Latinoamérica, expresó: “Estudios globales realizados en años anteriores sugieren que, si bien la gente tiende a cuidarse de lo que dice, la política de la mayoría es la de la libertad de expresión”.
Para Lizarralde, lo que hace falta es un verdadero debate, con aportes de los mismos medios, las redes, la academia, el estado y la población en general.
En todo caso, hay que mirar más a fondo y no creer el ‘espejismo’ de la Internet diversa e incluyente. Como lo anotaba Zuckerman en su conferencia: “Miramos internet. Creemos que tenemos esta amplia visión del mundo. De vez en cuando nos encontramos con una página en chino, y decidimos que de hecho tenemos la mayor tecnología jamás construida para conectarnos con el resto del mundo. Y nos olvidamos que la mayor parte del tiempo estamos revisando los resultados del béisbol. Los problemas interesantes para resolver son globales en escala y alcance, requieren de conversaciones globales para llegar a soluciones globales. Este es un problema que tenemos que resolver”.

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