Drones hasta para salvar vidas

Los aviones no tripulados ganan espacio en áreas como la salud y la agricultura.

El diseñador holandés Alec Momont sostiene el 'dron ambulancia', creado para atender casos de paros cardiorrespiratorios.
El diseñador holandés Alec Momont sostiene el ‘dron ambulancia’, creado para atender casos de paros cardiorrespiratorios.

Los drones, o aviones no tripulados, han mostrado su temible capacidad en toda clase de aplicaciones militares: desde misiones de ataque y defensa hasta tareas de espionaje.
Pero ahora que su uso en el ámbito civil es una realidad, cada día se abre más espacio en muchos otros campos.
En Estados Unidos se les usa para vigilar la frontera, patrullar las autopistas, monitorear incendios forestales y hasta para buscar excursionistas perdidos y delincuentes fugados.
Facebook, por ejemplo, planea utilizar drones para llevar internet a zonas apartadas del planeta, mediante aparatos capaces de sobrevolar de manera autónoma meses e incluso años, y desde los cuales se podría emitir la señal desde el aire.
Y es famoso el proyecto de Amazon (portal de comercio electrónico) para usarlos en entregas ultrarrápidas, pero no de pizza, sino de encargos con una restricción de peso. Aunque un éxito en YouTube, el ‘DomiCopter’, un servicio aéreo de entrega de productos de Domino’s resultó ser, predeciblemente, una ‘promo’ publicitaria.
Cazar huracanes y generar mapas más precisos son otras líneas de trabajo en las que se han logrado avances recientes. De hecho, los drones han conquistado el campo de la agricultura, en el que monitorean los cultivos y pueden, si es necesario, aplicar fertilizantes o pesticidas con enorme precisión.
La salud tampoco se escapa del alcance del dron. Hace un par de semanas se conoció el proyecto de un diseñador holandés que creó un artefacto no tripulado cuyo objetivo es transportar un desfibrilador para atender –casi que de inmediato– casos de paros cardiorrespiratorios.
El prototipo es capaz de volar a una velocidad de 100 kilómetros por hora –su creador, Alec Momont, dice que el aparato puede cubrir una zona de 12 kilómetros cuadrados en un minuto– y viene equipado con un sistema de comunicación, a través del cual un médico le explica al familiar del paciente cómo usar el desfibrilador.
Para todos los gustos
Hay drones de todos los tamaños y precios: desde los ‘nanodrones’, de apenas 20 o 30 gramos, hasta gigantes como el Phantom Eye, desarrollado por la compañía aeronáutica Boeing, con sus descomunales 45 metros de envergadura. Los artefactos para vuelos recreativos, provistos de cámaras muy simples, se pueden conseguir en internet por cerca de 40 dólares, y en el mercado colombiano por algo más de 100.000 pesos. Sin embargo, si se busca algo más profesional, los costos se elevan a la par con la tecnología y el presupuesto puede escalar a los 15 o los 30 millones de pesos.
La industria audiovisual es una de las que más provecho ha sacado de este tipo de prototipos, porque han permitido a realizadores llevar sus productos, literalmente, a nuevas alturas.
Seis compañías aéreas han recibido permiso para operar en EE. UU. en labores de rodaje para películas de cine y programas de televisión de Hollywood. Su utilización hasta ahora estaba restringida a contados comerciales de televisión y a cintas como Los Indestructibles 3, que se salvó de las restricciones porque rodó en Bulgaria.
Hace unos días, el grupo de indie rock OK Go lanzó el video de su tema I won’t let you down, un clip de 5 minutos y 20 segundos grabado en planosecuencia con 2.328 sombrillas y un dron, hecho a la medida por Honda, capaz de descender para grabar a la altura de los ojos, o de ascender a 600 metros, todo sin perder el foco ni el rumbo, pues su posición estaba fijada por GPS.
En cuanto al marco legal para el uso de los drones, en la mayoría de los países es suficientemente vago como para restringir su uso. Pero en EE. UU., impulsada sobre todo por consideraciones de seguridad, la Administración Federal de Aviación prohibió el uso comercial de los drones sin permiso de las autoridades. Inclusive si se trata de un uso recreativo, están vedadas en sectores cercanas a los aeropuertos, a la zona de aproximación de aeronaves civiles o militares y, en general, a cualquier altura que interfiera con el tráfico aéreo.
Fotografías de altura
Desde hace un par de meses, la unidad de fotografía de EL TIEMPO Casa Editorial vuela el DJI Phantom 2, un cuadricóptero especializado en la grabación de video y la toma de fotografías en alta resolución (trabaja con una cámara Go Pro 3) que incorpora una serie de mejoras sobre modelos anteriores de esta marca. Para empezar, cuenta con un mecanismo de suspensión de tres ejes, que compensa la oscilación del aparato para estabilizar la imagen por efectos del viento o del cambio de dirección del dron. Su configuración es sencilla y es muy fácil de maniobrar. Con solo enlazarlo a un celular, es posible disfrutar del punto de vista privilegiado de un piloto.
“El Phantom nos permite ir a zonas de la ciudad y del país y verlas con nuevos ojos. En situaciones de riesgo, como inundaciones o incendios, puede llegar a donde los socorristas no lo pueden hacer en ocasiones. Es probable que en algún momento preste un apoyo más allá de los periodísticos”, dice Jaime García, editor de fotografía de EL TIEMPO. Una grabación normal con el Phantom suele hacer uso de un equipo de tres personas. Además del ‘piloto’, hay un operador que se encarga del movimiento de la cámara y un tercer integrante vigila que el equipo no termine en la copa de un árbol o estrellado contra un cable de energía.

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