La gente no sabe qué son las noticias falsas

Susan King, decana de la Escuela de Medios de la Universidad de Carolina del Norte, habló con SEMANA sobre la importancia de crear conciencia acerca de la desinformación. Participará en el foro ‘Noticias falsas: el gran reto del periodismo’, el 1 de noviembre. 

 
SEMANA: Las noticias falsas son uno de los principales desafíos para el periodismo en el mundo. ¿Qué pueden hacer los medios de comunicación?
SUSAN KING: Primero que todo deben hacer que la gente entienda qué son las noticias falsas. La gente no sabe realmente qué son las fake news. Muchas veces creen que son las cosas con las que no están de acuerdo. Y son propaganda, difundida a través de las redes sociales. Estamos siendo bombardeados por información que parece noticia, pero que sencillamente es un invento. Hay que crear conciencia en los lectores y espectadores.
SEMANA: ¿Hay herramientas para que los lectores verifiquen qué es veraz y qué es noticia falsa?
S.K.: La información propagandística que apareció en la campaña electoral de 2016 en Estados Unidos fue muy sofisticada. La gente no podía reconocer qué era cierto y qué no; qué era noticia y qué un tuit de una mamá de los suburbios. Los medios de comunicación pueden concientizar sobre el problema para que todos nos volvamos consumidores de noticias más sofisticados. Pero hay otros jugadores en el ecosistema informativo: Google, Facebook y Twitter se convirtieron en las autopistas de la propaganda.
SEMANA: Se ha hablado de algoritmos que eliminen las ‘fake news’ en las redes sociales o incluso de personas dedicadas especialmente a esta tarea. ¿Sirve de algo?
S.K.: En 2016 estaban tratando de controlar las noticias falsas con algoritmos, pero hoy no sirve porque se están moviendo por la publicidad. Hoy nadie podría dar una respuesta puntual sobre qué hacer para controlar estos contenidos. Las compañías tecnológicas deben dar respuestas para enfrentar la desinformación.
SEMANA: Hay dos casos concretos en los que las noticias falsas y la emocionalidad en las redes sociales jugaron un papel determinante: las elecciones en Estados Unidos y el ‘brexit’ en Reino Unido. ¿Qué lecciones cree que dejaron?
S.K.: Tenemos que reconocer que mucha gente siente que no tiene una voz, que está siendo marginada. Y llegan líderes como Donald Trump o los del brexit que saben responder a esas demandas y les dicen que los entienden. Los medios de comunicación están desconectados con esa gente, y por eso hay que comprender sus preocupaciones, informar sobre lo que les interesa: su estado financiero, sus trabajos, su salud. La victoria de Trump y el brexit fueron un llamado a despertar.
SEMANA: ¿La falta de confianza en los medios de comunicación tradicionales -vistos como parte del ‘establishment’- es el factor que hace que la gente crea más en lo que lee en redes sociales?
S.K.: Las noticias falsas han logrado pulular en Facebook y Twitter porque la gente cree en lo que dicen sus familiares, sus amigos. En cambio, ven a los medios de comunicación como instituciones lejanas. Y como no escuchan las demandas de la gente, entonces esta no les cree. Además, las personas no ven los tuits como noticias, sino como un comentario de gente que conocen y en quien confían. Sin duda, vivimos una de las épocas más desafiantes para el periodismo.
SEMANA: Su conferencia en el foro se llama ‘Trump, Twitter y la confianza’. Algunos expertos afirman que Donald Trump llegó a la Presidencia gracias al poder de las noticias falsas. ¿Qué piensa?
S.K.: Los medios en Estados Unidos se dividieron muchísimo en la campaña de 2016, unos republicanos y otros demócratas. Hoy la cantidad de información sobre Donald Trump hace que la gente se sienta abrumada. Sin duda su Presidencia cambió las dinámicas de los medios, modificó el debate y polarizó a la opinión pública, que ya consume la información dependiendo de si le gusta u odia a Trump.
SEMANA: ¿Y qué tan viable ve el ‘impeachment’?
S.K.: Es demasiado temprano para saberlo. Yo no veo un impeachment en camino. Estamos esperando qué dicen los investigadores sobre el FBI y la influencia rusa. Todos queremos saber qué pasó.

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