eCommerce amenazado por fraudes digitales

El fraude digital cuesta a los comerciantes 8% de sus ingresos anuales en promedio. 
Factor de riesgo 
Vesta Corporation presentó los resultados de un estudio denominado “El impacto financiero del fraude en 2017: Explorando el impacto del fraude en un mundo digital”, en el que se examinaron los desafíos que enfrentan los comercios en Estados Unidos que utilizan el comercio electrónico para satisfacer la experiencia del cliente en un mundo digital. 
El estudio partió de la premisa de que el sector minorista está viviendo una revolución en tanto que las tiendas físicas están bajando su rendimiento mientras aumentan las visitas a tiendas digitales e incrementan las compras en línea, sobre todo a través de dispositivos móviles. 
En este sentido, se espera que el volumen de compras en línea al menudeo, sobrepase los 500 mil millones de dólares en 2017, representando 10.4% del volumen total del comercio al menudeo en Estados Unidos. El estudio pronosticó que crecerá a casi 650 mil millones y 12.4% en 2020 en dicho país. 
En este contexto, la gestión de fraudes es un desafío cada vez más crítico para los comerciantes, pues hoy en día, ya les cuesta el 8% de sus ingresos anuales. El impacto más grande ha sido sobre los comerciantes de bienes digitales, que han perdido 9.7% de ingresos en promedio, 13% más desde 2016. 
Los comerciantes gastan en prevención de fraudes hasta 10 veces lo que pierden en contra cargos, tanto falsos como positivos; los primeros aumentaron 60% para los comerciantes de bienes digitales y 75% para los de bienes físicos. Se incrementó la sofisticación de los defraudadores y la exposición al cambio de responsabilidad por fraude con tarjeta con chip para algunos comerciantes de bienes físicos. 
Ante esta situación es probable que aumente la adopción de soluciones 3D Secure que promete ofrecer una mayor prevención ante el fraude al mismo tiempo que elimina interrupciones y otorga mejor experiencia al cliente. 
Los comerciantes también deben evaluar enfoques adicionales de autenticación; invertir en la capacitación integral y continua del personal encargado de la gestión de fraudes; implementar herramientas “invisibles” de gestión de fraudes para maximizar su prevención al tiempo que se reduce al mínimo el impacto a la experiencia del cliente; y considerar la subcontratación externa de todas o algunas de las funciones de gestión de fraudes.

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