Colombia: ¿futuro digital?

El 50% de los municipios del país tiene un déficit de tecnología y, a pesar de ello, el rumbo está fijado para avanzar hacia la economía digital. 

El presidente Duque estrenó su discurso oficial relacionado con tecnologías en el marco del Congreso Internacional de las TIC – Andicom, y despertó grandes esperanzas, al igual que grandes inquietudes, sobre el futuro del sector y del país a través de ellas.
Sorprendió en positivo que el presidente haya hecho una presentación casi técnica, anunciando detalles de su plan de gobierno; pero sorprendió mucho más que haya hablado con propiedad sobre big data, interoperabilidad y justicia digital. 
Entre tanto, también nos sigue sorprendiendo la cuarta revolución industrial y las innumerables formas en que cada día nos hace ver que la gran brecha no es solo de conectividad sino de competitividad. “La tecnología tiene que estar dispuesta para cerrar brechas, si llevamos la tecnología y la formación a los lugares más apartados, empezamos a hacer grandes transformaciones”, afirmó el presidente equilibrando los cables físicos con los mentales que debemos conectar.
Ante casi 3.000 asistentes especialistas de la industria, exitosamente convocados por el Centro de Investigación y Desarrollo de las Telecomunicaciones – Cintel, la brisa de Cartagena elevó las esperanzas ante el ‘primer presidente del siglo XXI’. Sin embargo, sectores como la industria TI colombiana quedaron expectantes frente a su rol en el futuro próximo.
El presidente proyecta al Ministerio TIC como un articulador – del gobierno, de las personas, del país (¿?) – con la tecnología. Esta línea es coherente con el discurso de la economía naranja, la colaboración y el trabajo en red que escuchamos en campaña; pero para que se haga realidad es necesario darle aliento al cómo se fortalecen, amplían y dinamizan las alianzas público-privadas (APP) que soportarán esta articulación. Él mismo hace énfasis en las APP, pero todavía no está claro el cómo se hará realidad el avance digital del país (se espera que sea la ministra Constaín quien traiga luz sobre este asunto, pero mientras se escribe esta columna todos seguimos al a expectativa).
Ahora bien, el gabinete actual apenas cumplirá un mes y hay bastante por conocer antes de poder llegar a los pasos de gigantes que hoy resuenan. El impulso al emprendimiento, la desregulación, la convergencia, los beneficios tributarios, todo hace parte de un gran paquete inspirado en las economías más dinámicas del mundo, el desafío será la ‘platanización’, que ojalá no nos deje con nuevos Frankensteins entre el pasado empañado de intereses y lobby, y el futuro soñado de la conversión desde/hacia digital.
Uno de los puntos menos sonoros – tal vez por ser el más técnico –, pero de mayor valor para el avance en la digitalización del país, es la interoperabilidad. La misma que se tocó tanto en el gobierno antepasado, creando el rol del CIO país e impulsando arquitecturas y estándares para que todas las entidades públicas puedan compartir más que logos en sus páginas y alineen datos para mejorar los servicios ciudadanos, vuelve al ruedo.
Con nuevos jugadores que cobran relevancia, como la Alta Consejería de Transformación Digital que se creará en Casa de Nariño, y la Agencia Nacional Digital como líder de la implementación, la interoperabilidad entre el Estado nos llevaría décadas hacia el futuro – o el maravilloso presente de los países ‘de primera’ -.
La interoperabilidad reduciría los trámites, brindaría transparencia y, en un idílico final, hasta podría acabar con la corrupción al garantizar la trazabilidad del flujo de información de entidades y personas; pero ya viéndolo así sabemos que el problema no es técnico sino cultural – como en toda transformación digital -.
Emociona pensar que nuestro país tendrá un futuro digital, pero no deja de saltar la duda sobre qué tan ‘competentes’ somos para lograrlo. Cuatro años y ya veremos.

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