De la incertidumbre a la influencia

No hay una fórmula mágica para las redes sociales. 
Tengo que ser sincero. Cuando mi equipo me informó que resulté ser el tercer CEO con mayor influencia en redes sociales, de acuerdo con un estudio desarrollado por la agencia Llorente y Cuenca, quedé sorprendido. 
Cuando decidí dedicarle tiempo y esfuerzo a mis perfiles en Twitter y en LinkedIn tenía la percepción que sería un proceso retador. Y sí, tuve algo de temor. Con el correr de los meses, el aprendizaje ha sido invaluable. 
Desde el comienzo, consideré que mi incursión en las redes sociales debería tener algún valor. Soy un ingeniero apasionado por las telecomunicaciones y la tecnología. Soy un deportista, a veces indisciplinado, pero siempre con corazón competitivo. Y soy, por sobre todas las cosas, un hombre de familia. Sobre estos tres pilares quise construir los contenidos que trato de compartir, tanto como los viajes, las reuniones y las jornadas de trabajo lo permitan. 
Como presidente de una empresa de servicios como TigoUne, inicié mi viaje por las redes sociales con la incertidumbre, creo que normal, de recibir algún tipo de señalamientos.
Quizá esa sea una de las barreras más comunes, por las que los líderes de las empresas no se le midan al reto de interacción continúa. De hecho, uno de los datos que más me sorprendió del análisis de Llorente y Cuenca es que solo el 66% de los 150 líderes analizados cuenta con perfil en la red empresarial global por excelencia, LinkedIn. 
No son pocas las veces en las que los líderes de las grandes compañías tenemos el reto de encontrar fórmulas para permanecer conectados con nuestros colaboradores, con nuestros clientes o usuarios y con el público en general. 
Las redes sociales, por sus dinámicas, pueden ser un vehículo ideal para conseguir esa interacción constante y enriquecedora. 
Sin embargo, con el correr de las publicaciones logré darme cuenta de que, hasta para el uso de redes sociales, existen algunos prejuiciosos. Por supuesto, existen decenas de usuarios que atacan desde el primer trino del día, pero no son más que una inmensa minoría. Por el contrario, el grueso de las personas que acuden a Twitter o LinkedIn buscan contenidos de valor, temas en común que permitan generar conversación o simplemente publicaciones con las cuales se puedan sentir conectados. 
Conexión. Precisamente, esa es la palabra clave. Cuando inicié en la montaña rusa de las redes sociales, quería conectarme con amigos, colegas y familiares. Ahora, el objetivo es más amplio. Se trata de conectarse con personas que compartan tus intereses, con personas que sean apasionadas por algún tema o deporte. Se trata, en últimas, de mostrar que detrás del cargo más alto de una empresa, también hay una persona con pasiones, aficiones y una vida personal bastante normal. 
No hay una fórmula mágica para las redes sociales. Pero vale la pena tener un espacio, generar conversación y compartir contenidos de valor. Es un ejercicio enriquecedor, que requiere -aunque suene paradójico- algo de disciplina y mucho de naturalidad para pasar de la incertidumbre a la influencia.

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