Los impuestos pendientes a las tecnológicas

Las nuevas tecnologías nos han cambiado la vida y sus empresas gestoras han tenido gran éxito económico, pero de impuestos, muy poco 

La historia empresarial del mundo se puede contar haciendo un perfil de las empresas más exitosas en cada momento de la historia. Se comenzará por las compañías inglesas que desarrollaron los vapores como principio energético, los telares industriales y los ferrocarriles durante la primera revolución industrial; luego se pasará a las primeras automotrices, algunos gigantes de alimentos y a las compañías de generación eléctrica de la segunda revolución; y llegada la tercera disrupción, empezaremos a ver algunos nombres de empresas que hoy definen el consumo en el mundo a partir de la informática o la computación. Pero si miramos qué empresas lideran los listados en todos los países como las más exitosas, influyentes y determinantes para la sociedad, desde 2000 para acá, veremos los nombres de Google, YouTube, Amazon, Facebook, Netflix, Apple, Airbnb, Uber y otras más que se erigen como las pioneras de la cuarta revolución industrial -el internet de las cosas, la inteligencia artificial, el BlockChain- que cambiarán definitivamente la manera como consumimos todos los bienes y servicios. 
El anterior es un muy breve relato de los cuatro pasos industriales que ha dado el mundo desde el siglo XIX, pero si se profundiza el comentario mirando las cosas desde las óptica tributaria, todo será muy distinto, pues las grandes empresas que hoy lideran la nueva economía están atravesando definitivos pleitos, en casi todos los países, por el mínimo pago de impuestos que realizan y la gran proporción del mercado que han mordido. En pocas palabras, el gran éxito cosechado en sus balances no se traduce en tributación a las sociedades que están cambiando. Se podría decir que en países como Colombia el pago de impuestos es inversamente proporcional a su crecimiento en el mercado. Por ejemplo, Uber no paga ni la décima parte de los impuestos que pagaban las empresas de taxis tradicionales; Airbnb no contribuye en nada al fisco nacional y ni siquiera se aproxima a los mínimos tributos de los hoteles; Netflix supera los 700.000 suscriptores y no paga ni un peso si se compara con los altos tributos que cada año deben cancelar a la Dian las empresas de televisión y las productoras de contenido. Amazon por su parte no solo es la compañía reina del ecommerce en todo el mundo, sino que ha mordido una buena tajada del mercado de las tiendas mayoristas y de las empresas de logística, y tampoco paga los impuestos que debería, incluso la situación es tan incomprensible que son los mismos consumidores quienes defienden estas compañías porque todas son disruptivas y han satisfecho necesidades básicas mal atendidas por sus pares en cada país. Facebook, YouTube y Google se quedaron con casi toda la publicidad digital, poniendo en jaque a los medios de comunicación y otras empresas de ventas online y no contribuyen en impuestos como corresponde ni siquiera proporcionalmente a sus millonarios ingresos; incluso no pagan a los medios por el contenido utilizado por sus usuarios. No hay que ir en contra de la cuarta revolución industrial que ya es evidente en muchos sectores de la economía local, lo único que se le pide al Gobierno Nacional es que la reforma tributaria estructural que se debe hacer en menos de 20 meses, sea coherente y ponga a todas las empresas en las mismas condiciones de tributación.

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