En Facebook, menos es más

Tener muchos amigos en las redes sociales, según la ciencia, causa insatisfacción. La respuesta es recortar el listado de contactos, y los expertos dicen cómo hacerlo. 

Antes de 2015, tener muchos amigos y seguidores en las redes sociales significaba un alto nivel de carisma, popularidad e influencia. Mientras más fueran, mejor, y por eso muchos aceptaron a propios y extraños en Facebook, Twitter, Instagram y otras comunidades virtuales. Sin embargo, el escándalo de Cambridge Analytica dejó al descubierto cómo la información que los usuarios publican inocentemente sirve a terceros para manipular su comportamiento. Desde ese momento, muchos han pensado en darse un año sabático de las redes o, incluso, eliminarlas. Pero no es fácil tomar esa desición porque estas aplicaciones sirven de puerta de acceso a una diversidad de servicios en línea.
En medio de la desesperanza se abre una alternativa: podar la lista de amigos y seguidores virtuales, algo similar a la limpieza casera de enero; porque lo que no sirve, que no estorbe. La razón para hacerlo es que tener tantos amigos representa un riesgo para la seguridad, pues cada una de las conexiones da información de cada usuario. Además, está científicamente comprobado que el ser humano solo puede manejar 150 amigos al tiempo.
Esa cifra, conocida como el número Dunbar, se llama así por un académico de la Universidad de Oxford, Robin Dunbar, quien planteó que mientras más grande sea el cerebro de los primates, más factible es que vivan en sociedades grandes y complejas. Dado el tamaño del de los seres humanos, Dunbar encontró que el número de amigos y conocidos de un individuo en su vida oscila entre 5.000 y 15.000 personas. Pero en un momento dado este órgano no es capaz de administrar sino 150. No todos son iguales, sino que hay capas o círculos que “corresponden a diferentes clases de amistad: los que la gente frecuenta, pero no son tan cercanos, que no pasan de 50; los cercanos, a quienes se les confían dichas y desgracias, que son alrededor de 15; y los íntimos, que son cerca de 5”, dijo Dunbar. Los integrantes de esos círculos varían, aunque los números permanecen estables.
Dunbar lo ha confirmado en las dos últimas décadas. Las comunidades modernas de cazadores recolectores comprenden no más de 150 personas y ese también es el límite de integrantes en los batallones de Ejércitos profesionales. Con la llegada de Facebook, Twitter e Instagram, muchos creyeron que su hipótesis se derrumbaría y el número de amigos por individuo se incrementaría. No fue así. Aunque, ciertamente, algunos tienen más de 5.000 seguidores y las redes sociales han logrado unir a muchos para hacer grandes proyectos de colaboración, la gente con muchas conexiones en Twitter no maneja más amigos en la vida real. Así lo estableció un estudio realizado por Bruno Gonçalves, de la Universidad de Indiana en Bloomington. Nicole Ellison, de la Universidad de Michigan, también encontró que un grupo de estudiantes universitarios, con un promedio de 300 amigos en Facebook, consideraba a apenas 75 como entrañables. “La fuerza de las relaciones tiene que ver con cuánto tiempo le dedicamos a cada persona. Y hay un límite en el número de personas con las que se puede hablar en un día”, señala Dunbar.
De tomar como parámetro el dato de Pew Internet Research según el cual la gente cuenta en promedio con 338 amigos en Facebook, a muchos les sobran por lo menos 200. David Pierce, un experto en tecnología que escribe en medios como Wired y The Wall Street Journal, hizo el ejercicio, y aunque no logró el número de Dunbar –pues de 1.084 amigos en Facebook llegó a 395, y de 997 personas a las que seguía en Twitter hoy solo sigue a 397–, siente que su vida cobró más sentido después de hacer ese recorte.
Según el periodista, esta limpieza es conveniente porque el usuario, y no un algoritmo, toma el control de su lista de amigos. Además, cuando hay menos gente, Facebook es menos adictivo, pues revisar el sitio toma menos tiempo. Pero la razón más poderosa es que al dejar a todos los que no son tan importantes, la gente se conecta con los verdaderos amigos y tiene interacciones de mayor calidad, lo cual genera mayor satisfacción personal. “Todos los anuncios de nacimiento en Facebook, opiniones políticas y compromisos matrimoniales vienen de personas que realmente me preocupan. En Twitter, con un grupo más pequeño de camaradas, ahora interactúo más”, dice en su blog.
Un estudio realizado en 2012 por la Universidad Wake Forest confirma esa sensación. El trabajo concluyó que tener muchos amigos en la red convertía a sus usuarios en menos sociables, al tiempo que aumentaba sus niveles de tristeza. Según Christopher Soto, director del trabajo, esto puede suceder porque las redes sociales dan la falsa idea de tener un millón de amigos y eso los previene de buscar nuevas relaciones que sean más significativas.
Andrés ‘el Pote’ Ríos, otro usuario de Facebook que tiene cerca de 900 amigos, hace esta limpieza cada seis meses y la anuncia en esa red. “Digo ‘ya voy a sacar el limpión y el clórox’ y se genera un juego en el que muchos me piden que no los elimine”, dice. En cada recorte salen 15 personas, y al terminar los sobrevivientes le dan las gracias por dejarlos entre sus contactos. Otros, como el artista Luis Carlos Cifuentes, al no saber cómo hacer esa purga sin lastimar el ego de esos seguidores, decidió cerrar Facebook. “El círculo con el que me conectaba era muy pequeño”.
Los desarrolladores han recogido ese sentimiento y están ofreciendo servicios en internet, en los que no importa la cantidad, sino la calidad de las relaciones. Recientemente, Snapchat rediseñó la aplicación para enfocarse en amigos que comparten en petit comité sus mensajes. Los usuarios de Houseparty, aplicación desarrollada por Life On Air para simular las charlas que la gente tendría frente a frente, en promedio tienen 23 amigos y solo 8 personas pueden estar en un mismo chat.
Probablemente saben lo mismo que ya han descubierto los psicólogos: que el sentido de pertenencia se pierde a medida que aumenta el tamaño de los miembros que integran una comunidad, sea una gran ciudad, internet o una multinacional. Y esa tesis se aplica a las redes sociales. Mientras más amigos tiene, menor interactúa la persona con ellos “porque el cerebro es incapaz de manejar esa multitud de contactos”, dice David McRaney, autor del libro You Are Not So Smart.
Obviamente, muchos encuentran en las redes sociales una oportunidad de expandir sus negocios, sentirse populares, influenciar a los demás o compartir contenidos sobre sus hábitos personales. Estos últimos, dice Víctor Solano, director de Kreab, deberían tener más cuidado y filtrar la lista de sus contactos. “Y quienes tengan dos o más de estos propósitos deben considerar tener presencia en diferentes redes para cada cosa: Twitter, para informarse y debatir; LinkedIn, para contactos profesionales; y Facebook, para la vida personal”.
Agrega que los padres tienen una charla pendiente con los jóvenes sobre este tema, pues ellos creen que las plataformas sociales sirven para coleccionar amigos porque eso da estatus. Esto los hace aceptar amistades sin saber que corren el riesgo de agregar adultos que fingen ser jóvenes y que luego los extorsionan. Como dice Solano, lo importante es conocer “el valor que tiene construir menos relaciones, pero más estrechas, idealmente solo con personas que se conocen en el mundo físico y revalorar el principio de la verdadera amistad”.

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