Tim Berners-Lee quiere reinventar la web

El pionero de la era en línea quiere reclamar internet y darle a las personas el control de sus datos. 

La adopción masiva de la web sólo puede compararse con la invención de la imprenta en la Europa del siglo XV y su efecto revolucionario. 
Inventar la red informática mundial (World Wide Web) podría considerarse un logro suficientemente notable para toda una vida. Pero Sir Tim Berners-Lee tiene otra ambición urgente: reinventarla.
Hace treinta años, Sir Tim diseñó gran parte de la arquitectura para nuestra era de la información, garantizando que la web fuera abierta, gratuita y accesible para todos. La creación de esta interfaz amigable con internet ha provocado una explosión asombrosa de comunicación y creatividad, y ha cambiado nuestro mundo de forma incalculable. Unos 4.000 millones de personas ahora disfrutan de acceso casi instantáneo a más información de la que sus abuelos podrían haber imaginado.
Pero en años más recientes, la web ha tomado un rumbo siniestro, conforme los intereses corporativos, estatales y criminales han intentado explotar su apertura radical. Nuestra era de la información, que aún promete mucho, ha quedado desfigurada por el surgimiento del capitalismo de vigilancia, la manipulación electoral y los delitos cibernéticos.
Sir Tim está cada vez más angustiado por cómo su invención se ha convertido en un “motor de desigualdad y división”, como él lo describe. Arreglar este fenómeno “antihumano” naciente se ha convertido en la prioridad urgente de su vida, conforme las personas que permanecen desconectadas en el mundo actual y las generaciones futuras se conecten al mundo en línea en las próximas décadas.
“Sí creamos todo tipo de cosas maravillosas en la web. Pero con el paso del tiempo nos hemos dado cuenta de que ha habido muchas disfunciones en la sociedad”, dice Sir Tim. “A las personas se les manipula para votar en contra de sus propios intereses. Los cimientos de la democracia se están viendo amenazados”.
La cuestión clave que enfrentan todas nuestras sociedades es si los defectos de la web son un error temporal que se puede arreglar o una característica permanente que, en el mejor de los casos, puede contenerse. 
Sir Tim, un eterno ‘geek informático’, está convencido de que existe una solución tecnológica. Su propósito ahora es corregir el error y desarrollar una web más respetuosa y poderosa que responda a nuestras necesidades humanas reales.
Desde 2015, Sir Tim ha estado trabajando con un pequeño equipo de ingenieros informáticos en el Instituto de Tecnología de Massachusetts para diseñar una nueva plataforma de datos llamada Solid. El nombre se deriva de ‘datos sociales enlazados’ (o ‘social linked data’ en inglés). El año pasado, anunció el lanzamiento de Inrupt, una compañía con fines de lucro que tenía la intención de lanzar a Solid.
Miles de desarrolladores en 26 países están experimentando con 50.000 almacenes de datos personales en línea (POD, por sus siglas en inglés) de Solid. La compañía también está colaborando con socios más grandes, incluyendo una compañía de telecomunicaciones india y el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido, para explorar cómo Solid podría configurarse a escala.
Con ese propósito, Inrupt pretende completar una recaudación de fondos de miles de millones de dólares para finales de marzo, lo cual le permitiría lanzar un producto destinado al usuario para finales de año. En jerga tecnológica, Solid pretende ‘redescentralizar’ la web, devolviéndoles la propiedad de los datos a los usuarios que los generan y dándoles la capacidad para otorgar su consentimiento para que otros accedan a dichos datos. “Solid resuelve algunos problemas inmediatamente porque es un cambio de paradigma”, apunta Sir Tim. “Pero si tuviera que elegir un problema, sería: darles a las personas el control total de sus datos”.
Los desafíos de escalar Solid son desalentadores, cuando menos. Las compañías y los gobiernos tienen fuertes intereses particulares en mantener el actual ecosistema de datos; miles de millones de usuarios han desarrollado sus vidas en torno a servicios gratuitos y prácticos; y las exigencias tecnológicas y financieras de lanzar una plataforma alternativa son inmensas.
Pero sus amigos dicen que el ingeniero informático de 63 años de edad se siente energizado por su más reciente misión. “Es muy difícil. Es algo complicado. Las cosas te pueden salir muy mal”, resalta Sir Tim. “Pero sabemos cómo lanzar cohetes al espacio. Deberíamos poder desarrollar redes sociales constructivas”.
Teniendo en cuenta lo que ha sucedido en las últimas tres décadas, los orígenes de la web parecen muy lejanos. En 1989, Sir Tim trabajaba en Suiza como ingeniero de software en el Cern, el laboratorio de física de partículas más grande del mundo. 
Mientras trabajaba en su computadora NeXT, concibió un espacio de información en línea en el que los documentos podían identificarse mediante localizadores de recursos uniformes (URL, por sus siglas en inglés) y conectarse mediante enlaces de hipertexto, lo que permitía una navegación sencilla entre páginas.
En su libro ‘Tejiendo la red’ comparó el esfuerzo necesario para lanzar la web con el que se requiere para competir en bobsleigh: todos tienen que empujar el trineo con fuerza durante un tiempo aparentemente largo, pero una vez que el trineo cobra impulso, todos pueden subirse a bordo y disfrutar del viaje.
El detonante crucial para el desarrollo de la web fue la decisión abnegada de Sir Tim de no patentar su invento, probablemente dejando pasar la oportunidad de ganar miles de millones de dólares en el proceso, pero manteniendo el ciberespacio abierto y sin derechos de propiedad. Según las palabras del escritor científico James Gleick, la web fue “la patente que nunca se solicitó”.
Como resultado, el ciberespacio ha crecido a una velocidad fascinante. Ahora hay casi 4.200 millones de usuarios de internet en el mundo, que visitan aproximadamente 2.000 millones de sitios web, según los datos, siempre en evolución, de internetlivestats.com.
Ian Goldin, profesor de globalización y desarrollo de la Universidad de Oxford y coautor de ‘Age of Discovery’ (Era de los descubrimientos), sostiene que la adopción masiva de la web sólo puede compararse con la invención de la imprenta en la Europa del siglo XV y el efecto revolucionario que tuvo en las comunicaciones. La llegada de la web ha abierto una nueva era de abundancia, distribución barata, variedad radical y participación de la información, y alega que es comparable a un nuevo Renacimiento.
“La web ha tenido un impacto positivo en la humanidad. Ha sido tan revolucionaria como la prensa de Gutenberg en transformar la manera en que se forman y se comparten las ideas”, apunta Goldin. “No se me ocurre ninguna otra tecnología en los últimos 30 años que haya cambiado tanto para tantos y con tanta rapidez”.
La adopción generalizada de la imprenta en Europa y la difusión masiva de ideas contribuyeron a transformar una de las regiones más atrasadas del planeta en su principal centro de innovación. “Esto está sucediendo ahora a una escala mucho mayor con la web, lo cual les permite a las personas de todos los rincones del planeta aprender unas de otras”, dice Goldin. “Los bailarines de hip-hop en Harlem ahora pueden aprender los movimientos de los bailarines de hip-hop en Shanghái”.
Pero la revolución de las comunicaciones permite que las malas ideas se propaguen con la misma rapidez. “La prensa de Gutenberg provocó una explosión de talento”, señala Goldin, “pero también provocó 200 años de guerras religiosas y le dio voz a Savonarola”, el revoltoso predicador dominico publicista ingenioso que Goldin describe como un “Donald Trump del siglo XV”.
La ambición de Inrupt es maximizar las ventajas de la web y minimizar sus desventajas. John Bruce, director ejecutivo de Inrupt, argumenta que la plataforma Solid creará beneficios tangibles para los tres mayores grupos presentes en la web: usuarios, proveedores de servicios y desarrolladores.
Los usuarios, dice, disfrutarán de una mayor privacidad y funcionalidad al integrar todos sus servicios de forma más segura en sus dispositivos. Los proveedores de servicios pueden concentrarse en lo que saben hacer bien, como vender zapatos, en lugar de preocuparse por las cosas que no saben hacer bien, como administrar los datos. Y los desarrolladores podrán diseñar aplicaciones para el beneficio directo de los usuarios, en lugar del de las compañías de tecnología y los anunciantes que las respaldan.
“Solid es enormemente liberador para todos nosotros, por eso es tan importante para la web”, manifiesta Bruce. “Algunas personas dicen que estamos cambiando totalmente la web. Pero nos gusta pensar que la estamos cambiando para bien. Inrupt no sólo fomenta este nuevo ecosistema, sino que lo encabeza”.
Sir Tim indica que el equipo de Solid está definiendo nuevas reglas arquitectónicas sobre cómo pueden funcionar las cosas en línea. “Por el momento, es un equipo de personas con una visión común que realizan un esfuerzo coordinado para hacer las cosas de forma extremadamente deliberada para que podamos asegurarnos de que esta cosa se comporte como queremos y tenga el impacto que promete”.
Si Inrupt logra hacer las cosas bien, Sir Tim cree que Solid podría ayudar a potenciar una nueva ola de innovaciones conforme los desarrolladores se benefician del flujo más libre de datos valiosos. “Si le pagas a un desarrollador para que cree aplicaciones confiables, o usas aplicaciones de código abierto que no te muestran anuncios, ni te tienden emboscadas, ni te distraen, entonces confías más en ellas y les das acceso a muchos más datos”, afirma.
“Creo que podremos usar aplicaciones muy potentes que tengan acceso a todos nuestros datos. Podremos compartir lo que queramos con cualquiera. Puedo compartir mi historia clínica con mi médico, puedo compartir mis fotos con mi primo”.
Las probabilidades parecen estar en contra de Sir Tim y el equipo de Solid. En primer lugar, están apostando contra la complacencia, asumiendo que todo esto les interesa lo suficiente a los usuarios como para pagar por aplicaciones confiables y dedicar tiempo a administrar sus propias configuraciones de datos. 
En segundo lugar, apuestan contra intereses muy arraigados que no existían cuando se creó la web.
“Quizás sea posible crear una web limpia”, dice un experto digital. “Pero hay muchos intereses estatales y corporativos poderosos y corruptos que quieren mantenerla sucia”.
Si Sir Tim realmente logra revolucionar la comunicación masiva por segunda vez, su último logro podría considerarse casi tan importante como el primero. Quizás el adjetivo que mejor describe la ambición de Sir Tim es “audaz”.

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