Cultura digital y la cuarta revolución

Más que una amenaza incierta, la tecnología constituiría un abanico de oportunidades para facilitarle la vida a las personas e incrementar su productividad profesional 
Mucho se ha hablado de la amenaza que supone para la fuerza laboral la incorporación en masa de tecnologías que, por su relación costo-beneficio y sus altos índices de efectividad, sustituyan gran parte de las tareas que actualmente son realizadas por la mano humana. 
Y es que esta visión, que hace décadas parecía un disparate de los guionistas de ciencia ficción, cada día cobra mayor validez como un pronóstico sensato de lo que sería la realidad productiva en el mediano plazo. No en vano, firmas del prestigio de Bain & Company han estimado que para el 2030 los avances en robótica e inteligencia artificial impacten a cerca del 80% de los trabajadores por medio de la pérdida de empleos y la supresión de salarios, entre otras afectaciones. 
Ante este panorama, que en primera instancia se perfila desolador, es en donde una mentalidad versátil, capaz de adaptarse al dinamismo digital, se alza como la vía para complementar las capacidades humanas y capitalizar cada desarrollo tecnológico que se introduce en el mercado. De esta forma, más que una amenaza incierta, la tecnología constituiría un abanico de oportunidades para facilitarle la vida a las personas e incrementar su productividad profesional. 
Así las cosas, apropiar una cultura digital resulta indispensable para que Colombia pueda seguirse posicionando como un referente de la Economía Naranja y logre ir a la par del arrollador ritmo que impone la cuarta revolución industrial. La tecnología per se no es la solución a los desafíos contemporáneos -para la muestra, el reciente informe de Mastercard: Jóvenes colombianos y su dinero, en el que se destaca que en el país el 92% de los jóvenes sigue pagando con dinero en efectivo, a pesar de las soluciones digitales disponibles, y en la medida en que no se cambie esa mentalidad, los dispositivos electrónicos seguirán siendo un objeto accesorio.
Ahora bien, haciendo un énfasis en la industria de aplicaciones de movilidad, este sector no es ajeno a este desafío en ningún grado. Estas plataformas virtuales, más que un puente entre conductores y pasajeros, son un auténtico ecosistema en el que la amplitud de la variedad de soluciones disponibles para transportarse depende de la mentalidad que cada uno de sus integrantes pueda tener. 
Por esta razón, en el caso de Picap -desarrollo 100% colombiano, que tiene una media de más de un millón de viajes privados al mes y aporta ingresos adicionales a aproximadamente 100.000 usuarios pilotos-, el uso de la herramienta digital va más allá de su función original. La aplicación, además de ser una solución de transporte urbano para las ciudades con mayor densidad poblacional de la región, es una vía para generar empleo, contribuir a la mitigación del cambio climático e impulsar iniciativas de Responsabilidad Social. 
A la larga, la tecnología por sí sola no es más que un instrumento. En las manos del consumidor está la posibilidad de hacer de este una amenaza o un aliado para su cotidianidad. La cuarta revolución dejó de ser un término exclusivo de los países más industrializados para convertirse en una realidad global, y en la práctica de la cultura digital está la puerta de entrada a una vida con más oportunidades.

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